«Sola» Scriptura no es «solo» Scriptura
La Reforma no dijo que no haya más autoridad que la Biblia, sino que la Escritura es la única norma infalible. Westminster pone como juez supremo de las controversias al Espíritu Santo que habla en la Escritura, por el que se examinan los decretos de los concilios y las opiniones de los antiguos; y a la vez da a los sínodos y concilios el oficio de resolver «ministerialmente» las controversias de fe, con decretos que, si están de acuerdo con la Palabra, han de recibirse con reverencia y sumisión.
Son normas subordinadas: los credos, las confesiones y los sínodos tienen autoridad, pero bajo la Escritura y juzgados por ella. A nuestro juicio, la objeción de que la Sola Scriptura deja a cada uno con su Biblia vale contra quien rechaza todo credo y toda iglesia, no contra la Reforma, que leyó la Escritura con los Padres y en la iglesia, y con la regla de Vicente como prueba negativa.