Cirilo de Jerusalén: «no me creas si no te lo pruebo por la Escritura» (c. 350)
En sus catequesis a los que se preparaban para el bautismo, Cirilo les pide que no le crean a él solo porque lo dice: sobre los misterios de la fe no hay que enseñar nada sin las divinas Escrituras. «No me creas a mí simplemente porque te lo digo, si no recibes la demostración de lo que anuncio por las divinas Escrituras.»
Un obispo del siglo IV somete su propia enseñanza a la Escritura, como Atanasio.