Ireneo: la Escritura, «fundamento y columna de nuestra fe» (c. 180)
Contra los gnósticos, que decían tener una tradición secreta, Ireneo de Lyon escribió que el Evangelio que los apóstoles predicaron primero en público nos lo entregaron después, por voluntad de Dios, en las Escrituras, «para que fueran fundamento y columna de nuestra fe». Y apeló a la tradición pública de las iglesias fundadas por los apóstoles, con la sucesión de sus obispos; sobre todo a la de Roma, con la que, dice, toda iglesia ha de concordar «a causa de su principalidad más poderosa».
Es un texto que Roma alega con razón, y hay que reconocerlo: Ireneo da gran peso a la iglesia de Roma y a su sucesión. Pero lo que esa tradición contiene, cuando lo enumera, es el credo: un solo Dios Creador, Jesucristo nacido de la virgen, muerto bajo Poncio Pilato, resucitado, que vendrá a juzgar; lo que creen, dice, los pueblos que no tienen escritos. A nuestro juicio, la tradición de Ireneo no añade nada a la Escritura; la resume contra quienes inventaban otra.