Calvino: nada más frívolo que poner la sucesión en las personas, dejando a un lado la doctrina (1559)
Roma alegaba que su iglesia se había conservado por una sucesión perpetua de obispos, y que así lo estimaron Ireneo y Tertuliano. Calvino respondió que la sucesión no vale sin la doctrina: Caifás sucedía a Aarón en una serie continua, y no por eso su asamblea era la iglesia de Dios; y nadie diría que el gobierno de Calígula o de Nerón es el verdadero estado de la república porque sucedieron a los Escipiones. «En el gobierno de la iglesia, nada hay más frívolo que, dejando a un lado la doctrina, poner la sucesión en las personas mismas.»
Es lo que ya decía Ireneo: las listas de obispos valían porque transmitían la fe de los apóstoles. Frente a Trento, que hizo de la sucesión de los obispos un artículo de fe, la Reforma no negó la sucesión, sino que la puso en la doctrina; y Westminster devolvió la ordenación al presbiterio.