Calvino: es un despojo impío de la iglesia imponer a un pueblo un obispo que no ha pedido (1559)
Calvino explica cómo se perdió la regla de Celestino. Cuando el pueblo se descuidó en elegir y dejó la tarea a los presbíteros, estos se aprovecharon «para usurpar la tiranía», que luego afirmaron con cánones nuevos; y cuando los príncipes obtuvieron de los papas, por pactos, el nombramiento de los obispos, la iglesia no perdió nada nuevo, porque solo se quitó a los canónigos una elección que habían arrebatado sin derecho. Pero añade que mandar obispos desde la corte es «un ejemplo vergonzosísimo», del que deberían abstenerse los príncipes piadosos: «es un despojo impío de la iglesia siempre que a un pueblo se le impone un obispo que no ha pedido, o al menos aprobado con voto libre» (Institución IV,5,3).
A nuestro juicio, Calvino no inventa una regla: vuelve a la que el propio derecho canónico conservaba, «no se dé obispo a los que no lo quieren», y la defiende a la vez contra los cabildos y contra los príncipes.