El Nuevo Testamento llama obispos a los mismos que llama ancianos
Pablo hizo llamar desde Mileto a los ancianos (presbýteroi) de la iglesia de Éfeso, y a esos mismos les dijo que el Espíritu Santo los había puesto por obispos (epískopoi) para apacentar la iglesia de Dios (Hch 20,17.28). A Tito le mandó establecer ancianos en cada ciudad, y, al dar sus condiciones, siguió: «porque es necesario que el obispo sea irreprensible» (Tit 1,5-7). Pablo escribe a Filipos «con los obispos y diáconos», sin presbíteros aparte (Flp 1,1), y 1 Timoteo 3 pasa del obispo a los diáconos sin nombrar un tercer oficio.
En cada iglesia hay varios obispos, no uno solo sobre los presbíteros. Pedro mismo se llama «anciano también con ellos» y manda a los ancianos apacentar la grey sin enseñorearse de ella (1 P 5,1-3). Y a Timoteo se le impusieron las manos del presbiterio (1 Tim 4,14).