Las Ordenanzas de Ginebra: cuatro oficios instituidos por el Señor, y el pastor recibido por consentimiento de los fieles (1541)
A su vuelta a Ginebra, Calvino redactó unas ordenanzas que el Consejo General aprobó el 20 de noviembre de 1541. Empiezan: «Hay cuatro órdenes de oficios que Nuestro Señor instituyó para el gobierno de su Iglesia: primero los pastores, luego los doctores, después los ancianos y, en cuarto lugar, los diáconos». De los pastores dicen que «la Escritura llama también a veces ancianos y ministros». Para instituirlos, siguen «el orden de la Iglesia antigua»: los ministros eligen, el Consejo aprueba, y el elegido se presenta al pueblo en la predicación, «a fin de que sea recibido por consentimiento común de la compañía de los fieles».
No hay obispo sobre los pastores, como enseñaba Jerónimo, y el pueblo vuelve a consentir, como pedía Celestino. Pero el magistrado no queda fuera: el Consejo aprueba al pastor, y un síndico se sienta en el Consistorio. A nuestro juicio, Ginebra recuperó el orden antiguo en lo esencial y dejó al Consejo civil una parte que la iglesia no tenía en la antigüedad; Westminster y la disciplina escocesa darían después ese gobierno a la iglesia sola.