El «consentimiento unánime de los Padres» que no existe
Trento manda no interpretar la Escritura contra el consentimiento unánime de los Padres, y la profesión de fe de Pío IV (1564) hace jurar que nunca se la interpretará sino según ese consentimiento. Pero en los textos decisivos los Padres no fueron unánimes: sobre la roca de Mateo 16, Agustín mismo deja elegir al lector, y sobre la Cena Ratramno respondió a Pascasio.
La regla de Trento promete una unanimidad que la historia no da, y donde no la hay, decide la iglesia de Roma.