Westminster: los sínodos resuelven las controversias ministerialmente, no como jueces infalibles (1646)
Westminster da a los sínodos y concilios el oficio de resolver «ministerialmente» las controversias de fe, con decretos que deben recibirse con reverencia si están de acuerdo con la Palabra. No es, pues, el juicio de cada uno a solas: es la Escritura leída en la iglesia, bajo sus ministros y sus sínodos, pero sin un juez infalible fuera de ella, porque todos los sínodos pueden errar.
A nuestro juicio, es la diferencia con los restauracionistas, que no querían más credo que la Biblia y rechazaban también los sínodos.