Lutero frente a Erasmo: la doble claridad de la Escritura (1525)
Erasmo, en su Diatriba sobre el libre albedrío (1524), alegó que en la Escritura hay muchos lugares cuya ambigüedad nadie ha resuelto del todo, y que es mejor adorar lo desconocido que discutirlo. Lutero le respondió en De servo arbitrio (1525). Concedió que hay lugares oscuros, pero por ignorancia de las palabras y de la gramática, no por la majestad de las cosas: lo más alto ya está revelado, que Cristo, Hijo de Dios, se hizo hombre, que Dios es trino y uno, que Cristo padeció por nosotros. «Quita a Cristo de las Escrituras: ¿qué más encontrarás en ellas?»
Y distinguió una doble claridad: la externa, en el ministerio de la palabra, por la que nada ha quedado oscuro, y la interna, en el corazón, por la que nadie ve una jota en la Escritura sin el Espíritu de Dios. A nuestro juicio, es la respuesta a la oscuridad que alega Roma: lo que falta no es luz en la Escritura, sino en el corazón; es lo que había dicho Agustín.