Westminster: la Escritura se interpreta por la Escritura, y los sínodos juzgan ministerialmente (1646)
La Confesión de Westminster concede que no todo en la Escritura es igualmente claro, pero dice que lo necesario para la salvación está expuesto con claridad en uno u otro lugar, de modo que también los no instruidos pueden entenderlo «mediante el debido uso de los medios ordinarios». La regla infalible de interpretación es la Escritura misma: lo dudoso se entiende por los lugares más claros. Y da a los sínodos y concilios el oficio de resolver «ministerialmente» las controversias, con decretos que deben recibirse con reverencia si están de acuerdo con la Palabra.
No es, pues, el juicio de cada uno a solas: es la Escritura leída en la iglesia, bajo sus ministros y sus sínodos, pero sin un juez infalible fuera de ella. A nuestro juicio, es la regla de Agustín y la claridad de Lutero, frente a Pío IV; y la diferencia con el «ningún credo sino la Biblia» de los restauracionistas, que rechazan también los sínodos.