«Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada»: 2 Pedro 1,20
Es el texto que se alega contra la interpretación privada: «entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada». Pero el versículo siguiente da la razón: «porque la profecía nunca fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo». Pedro habla del origen de la profecía, de que los profetas no hablaron por su cuenta, no de quién puede leerla.
Y dos versículos antes manda a todos los creyentes estar atentos a la palabra profética «como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro». A nuestro juicio, el texto no reserva la interpretación a una autoridad, como sostuvo Pío IV; manda leer la Escritura como palabra de Dios.