Salmon: para someterse a la iglesia infalible hay que usar el juicio privado (1888)
En sus lecciones de Dublín, George Salmon respondió a la objeción de que el protestante descansa en su juicio falible y el católico en la roca de una iglesia infalible. Nuestra fe, dijo, descansa al fin en un acto de nuestro propio juicio: podemos ejercerlo en muchos actos, examinando cada doctrina, el purgatorio, la transubstanciación o la invocación de los santos, o en uno solo, decidiendo si la Iglesia de Roma es infalible; pero de un modo u otro hay que ejercerlo. Y la certeza de todo lo que se reciba de ella no puede ser mayor que la de esa decisión. Cuando alguien invita a otro a hacerse romano, le pide un acto de juicio privado: que decida que la religión de sus padres está equivocada.
A nuestro juicio, el argumento no deja en pie la oposición entre juicio privado e infalibilidad: la profesión de Pío IV la jura uno que antes ha juzgado por sí mismo. Es el mismo Salmon que respondió a Newman.