Bibliografía
George Salmon, The Infallibility of the Church (1888), lección 2
La teoría del desarrollo «es, en suma, un intento de permitir a hombres expulsados de la plataforma de la historia seguir colgados de ella por los párpados» (pp. 30-31). «La doctrina del desarrollo concede no solo todo lo que pediría un protestante, sino aun todo lo que pediría un incrédulo» (p. 37). Ya se reconoce que la doctrina de Roma es tan distinta de la de los primeros tiempos como un roble de una bellota o una mariposa de una oruga: la única cuestión es si llamar a ese cambio desarrollo o corrupción (pp. 37-38). Separada de la infalibilidad de la iglesia, la doctrina del desarrollo llevaría al protestantismo o a la incredulidad antes que a Roma (p. 38). Si la iglesia tiene derecho a desarrollarse, ¿por qué solo en Roma, y no también en Alemania e Inglaterra? (p. 39) (traducción nuestra).
Lección 3: los católicos romanos oponen el juicio privado a la infalibilidad de la iglesia, pero nuestra fe ha de descansar al fin en un acto de nuestro propio juicio; «podemos elegir si ejercemos nuestro juicio privado en un solo acto o en muchos, pero de un modo u otro hemos de ejercerlo»: o se aplica a cada cuestión (el purgatorio, la transubstanciación, la invocación de los santos), o a la sola cuestión de si la Iglesia de Roma es infalible, y en ese caso la certeza de todo lo demás no puede ser mayor que la de esa decisión. Que la sumisión a Roma descansa en un acto de juicio privado es evidente cuando un romanista intenta convertir a alguien: le pide que decida que la religión de sus padres está equivocada (pp. 46-48) (traducción nuestra).
Lección 3, «El argumento en círculo»: si uno está absolutamente seguro porque cree lo que cree el papa, la pregunta es cómo sabe que el papa no puede errar, y «no es posible responder a esta pregunta sin caer en la falacia lógica de argumentar en círculo». Si se alega «Tú eres Pedro», antes el juicio privado ha tenido que decidir que esos libros son palabra de Dios y qué significan; pero Roma sostiene que sin la iglesia no hay certeza del canon ni del sentido; así se acaba diciendo: «la Iglesia es infalible porque las Escrituras lo atestiguan, y las Escrituras lo atestiguan porque la Iglesia declara infaliblemente que ese es su sentido». Lo mismo si se prueba por la antigüedad, los Padres o la razón: o se supone lo que se quiere probar, o se admite que sin la iglesia se llega a certezas. Es como querer levantarse del suelo tirando de la propia cintura (pp. 52-54). El obispo católico Clifford respondió (Fortnightly Review, enero de 1887) con un argumento lineal: el Nuevo Testamento como documento histórico, los milagros, la divinidad de Cristo, sus promesas a la iglesia, y de ahí la infalibilidad. Salmon replica que así la infalibilidad, que debía ser el cimiento, queda como «el último piso de un castillo de naipes», y que de un argumento largo y discutible no sale una certeza sin duda; y que Newman ya había reconocido que no hay prueba que convenza a quien no se ha sometido antes: los títulos de la iglesia «brillan, por así decir, con su propia luz» (pp. 54-58) (traducción nuestra).
Visto en el escaneo de archive.org (cu31924029371311). Son lecciones dadas en la escuela de teología de la Universidad de Dublín, como dice el título; Salmon era anglicano.