Westminster: todos los concilios pueden errar, y muchos han errado (1646)
La confesión de Westminster enseña que todos los sínodos o concilios desde los tiempos de los apóstoles, generales o particulares, pueden errar, y muchos han errado; por eso no han de hacerse regla de fe ni de práctica, sino usarse como ayuda en ambas (31,4). Y que el juez supremo de toda controversia religiosa, y de todo decreto de concilios, no puede ser otro que el Espíritu Santo hablando en la Escritura (1,10).
Excluye por igual lo de Constanza, que puso el concilio sobre el papa, y lo que definiría el Vaticano I, que puso al papa sobre el concilio; y es lo que dijo Lutero en Leipzig.