Westminster: la norma no es la Iglesia de una época, sino la Escritura
La Confesión de Westminster pone como juez supremo de las controversias, por el que se examinan los decretos de los concilios y las opiniones de los antiguos, al Espíritu Santo que habla en la Escritura; y enseña que todos los concilios pueden errar.
A nuestro juicio, es lo que separa la Reforma de los veterocatólicos. Unos y otros leen a los Padres y los concilios antiguos con respeto, y la regla de Vicente sirve a los dos como prueba negativa. Pero cuando la norma es la Iglesia de una época, cada uno elige la época; con la Escritura no hay que elegir.