Los veterocatólicos de Utrecht: la fe de la Iglesia indivisa del primer milenio, con la regla de Vicente (1889)
En 1889, el arzobispo de Utrecht y los obispos de Haarlem y Deventer, con los obispos veterocatólicos de Alemania y Suiza, firmaron una declaración común. Empieza con la regla de Vicente de Lerins, citada en latín: lo que se ha creído en todas partes, siempre y por todos. Y de ahí saca su norma: la fe de la Iglesia antigua, formulada en los símbolos ecuménicos y en las decisiones dogmáticas universalmente aceptadas de los concilios ecuménicos de la Iglesia indivisa del primer milenio. Con ese criterio rechazan los decretos vaticanos de 1870, el dogma de la Inmaculada, las bulas Unigenitus y Auctorem fidei y el Syllabus, y aceptan los dogmas de Trento solo en lo que concuerdan con la Iglesia antigua.
Es la regla de Vicente convertida en confesión de una iglesia. Conviene ver primero en qué tienen razón, que es mucho. Pero la regla aplicada al primer milenio pide elegir: qué concilios fueron universalmente aceptados y quién juzga qué concuerda con la Iglesia antigua. Y su propia historia los lleva a una bula que condenó la gracia y la Biblia para todos. Westminster pone la norma en otro sitio.