Manning: apelar a la antigüedad es «una traición y una herejía» (1865)
El cardenal Manning, arzobispo de Westminster, había abandonado el terreno de la historia: según él, la Iglesia presente es la voz viva del mismo Dios que inspiró la Escritura y enseñó a la Iglesia antigua. Por eso la apelación a la antigüedad es, decía, «a la vez una traición y una herejía»: traición, porque rechaza la voz divina de la Iglesia en esta hora; herejía, porque niega que esa voz sea divina. Y las palabras de Pío IX y León XIII son tan inspiradas como las de Pedro y Pablo.
A nuestro juicio, Manning lleva la teoría del desarrollo a su conclusión: si la Iglesia presente es infalible, la antigüedad no juzga a la Iglesia; la Iglesia juzga a la antigüedad. Es el extremo opuesto a Newman, que aún intentaba conciliar la doctrina romana con la historia, y la refutación práctica de la apelación a la antigüedad que Bossuet oponía a los protestantes. Lo que Utrecht invoca como «fe de la Iglesia antigua» queda, en esta lógica, subordinado al magisterio presente.