Vaticano I: el sentido de los dogmas no cambia nunca (1870)
La constitución Dei Filius enseñó que hay que conservar siempre el sentido de los dogmas que la iglesia declaró una vez, y que la inteligencia de la fe crece, con palabras de Vicente de Lerins, «en el mismo dogma, en el mismo sentido y en la misma sentencia». Y anatematizó a quien dijera que, con el progreso de la ciencia, haya que dar a los dogmas un sentido distinto del que entendió la iglesia.
El mismo año, el concilio definió la infalibilidad del papa. A nuestro juicio, Roma pide a la vez dos cosas: que la doctrina no cambie, como decía Bossuet, y que se desarrolle, como decía Newman. Lo que concilia las dos es una autoridad que decide qué desarrollo es «el mismo sentido».