Benedicto XVI: hubo «de hecho» una discontinuidad, pero no en los principios (2005)
En su discurso a la Curia de diciembre de 2005, Benedicto XVI contrapuso dos maneras de leer el Vaticano II: una «hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura» y una «hermenéutica de la reforma», de la renovación en la continuidad del único sujeto-Iglesia, que crece y se desarrolla permaneciendo el mismo. Pero admitió que, en la relación con la edad moderna, en la libertad religiosa y en otras cuestiones, «de hecho se había manifestado una discontinuidad», aunque sin abandonar la continuidad en los principios; y que ciertas decisiones de la Iglesia sobre cosas contingentes, como algunas formas de liberalismo, debían ser también contingentes.
Es la hermenéutica de Newman aplicada a un concilio: crecer permaneciendo el mismo. A nuestro juicio, la distinción entre principio y aplicación contingente puede valer para muchas cosas, pero lo que Gregorio XVI llamó «delirio» y el Syllabus condenó como proposición no era una disposición de circunstancias, sino una doctrina; y el Vaticano I había prohibido dar a los dogmas otro sentido. Lo decide, de nuevo, la autoridad que define.