Vaticano I: la doctrina de la fe no es un invento filosófico que haya que perfeccionar (1870)
En la constitución Dei Filius, el Vaticano I enseñó que la fe y la razón nunca pueden estar en desacuerdo, sino que se ayudan; que la Iglesia tiene el derecho y el deber de proscribir la falsa ciencia, «para que nadie sea engañado por la filosofía y la vana falacia», con las palabras de Colosenses 2,8; y que la doctrina revelada no se propuso «como un invento filosófico» que los ingenios humanos hayan de perfeccionar, sino como un depósito que la Iglesia ha de custodiar y declarar infaliblemente. Por eso, añade, hay que conservar siempre el sentido de los dogmas que una vez declaró la Iglesia.
A nuestro juicio, la frase sobre la doctrina y el invento filosófico la firmaría un reformado. La diferencia está en quién juzga: para el concilio, el juez de lo que es falsa filosofía es la Iglesia que declara infaliblemente; para la Reforma, es la Escritura.