Una definición irreformable no admite arrepentimiento
A la iglesia de Pérgamo, que no enseñaba la doctrina de Balaam, sino que toleraba «a los que retienen» esa doctrina, Cristo le dice: «Arrepiéntete, porque de otra manera vendré a ti pronto y pelearé contra ellos con la espada de mi boca» (Ap 2:14-16). Roma tiene por irreformables las definiciones ex cathedra del papa, «por sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia» (Vaticano I), y pide adherirse «con el obsequio de la fe» a las de los concilios ecuménicos (Lumen gentium 25). Una definición así puede reinterpretarse, pero no retirarse; y el Vaticano II volvió a proponer Nicea II, Florencia y Trento.
Roma responde que una definición no puede ser contraria a la revelación: una fórmula dogmática puede expresar la verdad «de modo incompleto, aunque no falso», y expresarse después «de manera más plena y perfecta» (Mysterium Ecclesiae, 1973). A nuestro juicio, este rasgo no prueba por sí solo que Roma haya errado; eso se muestra en cada caso, como en el anatema de Trento o en la Asunción. Muestra que, si erró, no puede arrepentirse, y la advertencia a Pérgamo no tiene en ella a quién dirigirse.
Westminster, en cambio, dice que todos los concilios «desde el tiempo de los apóstoles» pueden errar (31,4), y así una iglesia reformada puede corregirse por la Escritura. El mismo razonamiento alcanza a quien hace irreformable la Iglesia indivisa del primer milenio, aunque con menos alcance: ni los ortodoxos ni los veterocatólicos tienen a nadie que defina «por sí mismo, y no por el consentimiento de la Iglesia»; Roma sí, y con cada definición nueva crece lo que ya no podría retirar.
Fuentes
- Apocalipsis 2:2-6 y 2:14-16
- Concilio Vaticano I, constitución Pastor aeternus (18 de julio de 1870)
- Concilio Vaticano II, constitución Lumen gentium (21 de noviembre de 1964), n. 25
- Confesión de fe de Westminster (1646), capítulo 31, sección 4, y capítulo 1, sección 10
- Congregación para la Doctrina de la Fe, declaración Mysterium Ecclesiae (24 de junio de 1973), n. 5