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Cristianismo histórico

La historia de la doctrina, bajo la Escritura

40g4

«Se levanta contra todo lo que se llama Dios»: lo que el papado dijo de sí mismo

Pablo describe al hombre de pecado como el que «se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o que se adora, tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios» (2 Ts 2:4). El papado dijo de sí mismo que solo su obispo se llama con derecho universal, que nadie puede juzgarlo y que la iglesia romana nunca errará (Dictatus papae, 1075); que someterse a él es necesario para la salvación de toda criatura humana (Unam sanctam, 1302); y que sus definiciones son irreformables por sí mismas (Vaticano I, 1870).

Westminster lee aquí al papa: «aquel anticristo, aquel hombre de pecado, e hijo de perdición, que se exalta a sí mismo en la iglesia contra Cristo» (25,6). Es la lectura confesional de la Reforma, que este sitio sostiene con el texto de 1646, aunque algunas iglesias presbiterianas suprimieron esa frase al revisar la Confesión; Roma lee en el texto la impostura de un falso mesías (Catecismo 675). A nuestro juicio, las pretensiones de esos documentos encajan con el retrato de Pablo, que no pone al hombre de pecado fuera de la iglesia, sino sentado en el templo de Dios.

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