Saltar al contenido
Cristianismo histórico

La historia de la doctrina, bajo la Escritura

16a1

El Cisma de Occidente: dos y luego tres papas a la vez, y nadie decidió cuál era el legítimo (1378)

Desde 1309 los papas residieron en Aviñón. En 1378, vuelta la sede a Roma, los cardenales eligieron a Urbano VI, y meses después, alegando que la elección había sido forzada, a Clemente VII, que volvió a Aviñón. Cada línea tuvo sus cardenales, sus naciones y sus santos: Catalina de Siena apoyó a Urbano; Vicente Ferrer, a Clemente y a su sucesor, Benedicto XIII, y fue canonizado en 1455. En 1409, el concilio de Pisa depuso a los dos y eligió a Alejandro V, a quien sucedió Juan XXIII: tres papas a la vez, hasta que Constanza depuso a dos, recibió la renuncia del tercero y eligió a Martín V.

¿Quién fue papa en esos cuarenta años? Ni papa ni concilio han decidido si lo fue Urbano VI, y los católicos discuten la cuestión con libertad. Belarmino tuvo por legítimo a Alejandro V; hoy la línea de Pisa no tiene defensores en la comunión romana. Los nombres lo muestran: en 1492, Rodrigo Borgia se llamó Alejandro VI, contando como papa al Alejandro V de Pisa; en 1958, Roncalli tomó el nombre y el número de Juan XXIII, que había llevado el papa de Pisa, y dijo que los papas llamados Juan eran veintidós.

A nuestro juicio, la Iglesia que Belarmino quería tan visible como la república de Venecia, con una sucesión de obispos que la señala, tuvo durante cuarenta años dos y tres cabezas, y los fieles, santos incluidos, no pudieron saber cuál era la verdadera. La sucesión que se presenta como marca visible se fijó después.

Señalar un error en esta nota

Enlazan aquí

Cristianismo histórico, nota 16a1 · https://cristianismohistorico.org/nota/16a1/