En 1302, Unam sanctam declara necesario para la salvación someterse al papa.
Para acabar con el Cisma, Constanza pone el concilio por encima del papa en 1415; en 1460, Pío II prohíbe apelar del papa al concilio.
En 1870, Vaticano I define el poder del papa sobre toda la iglesia y su infalibilidad.
La respuesta reformada: Lutero en Leipzig, que tampoco el concilio es infalible; Westminster 31, que todos los concilios pueden errar; y Westminster 25, que la iglesia no tiene otra cabeza que Cristo.