Un concilio condena por hereje al papa Honorio (681)
El tercer concilio de Constantinopla anatematizó, entre los defensores de la herejía de una sola voluntad en Cristo, a «Honorio, que fue papa de la antigua Roma». El papa León II confirmó la condena: Honorio había intentado subvertir la fe inmaculada, o, según la versión griega, había permitido que se manchara.
Un concilio ecuménico juzgó que un papa había seguido y confirmado una herejía sobre Cristo, y el papa siguiente lo confirmó (aunque en otra carta lo redujo a negligencia). Es difícil de casar con la infalibilidad de Vaticano I.