La indefectibilidad no promete santidad al ocupante
La respuesta católica al siglo X es que la indefectibilidad de la iglesia no promete la santidad de cada papa: la promesa es a la sede, y un papa hereje manifiesto deja por sí mismo de ser papa, como dice Belarmino. Los papas de las familias romanas no eran herejes, sino políticos; y de la política no responde la fe.
A nuestro juicio, la respuesta cambia el sujeto de la promesa. Si la sede puede ser comprada, impuesta y juzgada por un sínodo, lo que se ve en la historia no es una sucesión protegida, sino una institución como las demás. Honorio muestra el caso doctrinal; el siglo X, el caso de gobierno. Por eso Westminster no discute al ocupante: discute la sede.