El siglo X: la sede de Pedro en manos de la nobleza romana (904-963)
En el siglo X no hay un solo concilio ecuménico ni apenas definiciones dogmáticas. Lo que hay es la sede de Roma en manos de las familias nobles: papas impuestos y depuestos, un sínodo que juzga a un papa (963) y un emperador, Otón I, que confirma la elección con el Privilegium Ottonianum (962). A nuestro juicio, ese vacío doctrinal no es un hueco en la historia: es lo que queda de la indefectibilidad cuando no hay doctrina que la sostenga.
La objeción católica es que la promesa es a la sede, no a la persona, y que un papa hereje manifiesto deja de ser papa. Pero en el siglo X no se discute la herejía: se discute quién manda en Roma. Para Westminster, el problema no es quién ocupa la sede, sino la sede.
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