El sínodo del cadáver: un papa juzgado y desenterrado (897)
Esteban VI hizo exhumar el cuerpo de Formoso, lo vistió con los ornamentos papales y lo sentó en un sínodo para juzgarlo. Le leyó los cargos, le arrancó el palio, le cortó los dedos con que consagraba y lo mandó arrojar al Tíber. Sus actos fueron declarados nulos. Los papas siguientes revocaron el juicio, y la facción contraria volvió a revocarlo.
No es solo una anécdota macabra: es un papa juzgando a otro papa, y una sede cuyas decisiones dependen de la facción que controla Roma. Y a Formoso no se le juzgó por apartarse de la fe, sino por cargos canónicos, como haber pasado de su sede a la de Roma: la excepción de que el papa puede ser juzgado si se desvía de la fe ni siquiera hizo falta.
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