Salmon: Pedro no fue obispo de Roma; Lino lo fue, nombrado por Pedro y Pablo (1888)
El anglicano George Salmon examinó en sus lecciones de Dublín la pretensión de que Pedro fuera obispo de Roma veinticinco años. La Escritura, dice, no lo sabe: la carta a los Romanos saluda a muchos y no menciona a su obispo; en las cartas que Pablo escribe desde Roma no hay saludo de Pedro, y en la última se queja de que solo Lucas está con él; y los datos neotestamentarios sitúan a Pedro en Judea, en Antioquía, quizá en Corinto y por último en Babilonia. Si estuvo en Roma, fue tarde, después de la segunda carta a Timoteo.
La lista más antigua de obispos romanos, la de Ireneo hacia el 180, dice que Pedro y Pablo fundaron la iglesia y «confiaron el oficio episcopal a Lino»; Lino es el primero, y su nombramiento obra de Pablo tanto como de Pedro. La historia del episcopado de Pedro se difundió con la novela clementina, que lo presentaba ordenando a Clemente y sentándolo en su cátedra; para que cuadrara la cronología se cambió el orden de los primeros obispos, y, según Salmon, los veinticinco años salieron de la cronología de Hipólito, que quiso llenar el hueco anterior a Lino. La liturgia romana seguía conmemorando a Lino, Anacleto y Clemente en el orden de Ireneo.
A nuestro juicio, Salmon concede que Pedro pudo estar en Roma y morir allí, y el dato no decide por sí solo la cuestión del primado; pero deshace la cadena que Mateo 16 supone: no hay un obispo Pedro cuyos sucesores sean los papas, sino Lino, nombrado por los dos apóstoles. Nicea trata a Roma como una sede principal, no como la cátedra de Pedro; y Honorio muestra lo que vale la sucesión sin la doctrina.