Fuentes
George Salmon, The Infallibility of the Church (1888), lección 19: Pedro y la sede de Roma
Salmon concede que Pedro pudo estar en Roma y morir allí, pero no que fuera su obispo. La Escritura, dice, no lo sabe: la carta a los Romanos está llena de saludos y no menciona a su obispo; en las cartas que Pablo escribe desde Roma no hay saludo de Pedro, y en la última se queja de que solo Lucas está con él; y los datos de la Escritura sitúan a Pedro en Judea, en Antioquía, quizá en Corinto y por último en Babilonia. Si estuvo en Roma, fue tarde, después de la segunda carta a Timoteo (pp. 347-348).
Ireneo, hacia el 180, es el testimonio más antiguo de la sucesión: «los bienaventurados apóstoles, habiendo fundado y edificado la iglesia, confiaron el oficio episcopal a Lino»; y lo hace obra de Pablo tanto como de Pedro. Lino es, pues, el primero, y no Pedro (p. 352). La historia del episcopado de Pedro se difundió con la novela clementina, que lo presentaba ordenando a Clemente y sentándolo en su cátedra; para que cuadrara la cronología se cambió el orden de los primeros obispos, y, según su conjetura, los veinticinco años salieron de la cronología de Hipólito, que quiso llenar el hueco anterior a Lino (pp. 361-363). La liturgia romana, añade, seguía conmemorando a los primeros obispos en el orden de Ireneo: Lino, Anacleto, Clemente (p. 361).
Texto cotejado en la 2.ª ed. de John Murray, 1890; las páginas son las de esa edición.