Inocencio III: el papa, «menor que Dios, pero mayor que el hombre» (1198)
En el sermón de su consagración, Inocencio III explicó quién es el siervo que el Señor pone sobre su familia: «el vicario de Jesucristo, el sucesor de Pedro, el ungido del Señor, el dios del faraón; puesto en medio entre Dios y el hombre, más acá de Dios pero más allá del hombre, menor que Dios pero mayor que el hombre, que juzga a todos y no es juzgado por nadie». A los demás apóstoles, dice, se les llamó a una parte de la solicitud; solo Pedro fue asumido a la plenitud del poder.
Roma responde que es un sermón, y que el mismo Inocencio añade enseguida que el oficio de siervo debe humillar a quien la dignidad ensalza. Es verdad que lo dice. Pero lo que define al papa no es la humildad que se le pide, sino el lugar que se le da. Seis siglos antes, Gregorio Magno había llamado precursor del Anticristo a quien se pusiera por encima de los demás obispos. A nuestro juicio, la fórmula de Inocencio es la que tenía delante Westminster al hablar de aquel «que se exalta a sí mismo en la iglesia contra Cristo».