Valentiniano III: que sea ley para todos los obispos lo que mande la sede apostólica, y el gobernador obligue a comparecer (445)
Hilario de Arlés, venerado como santo, había depuesto y ordenado obispos en la Galia sin consultar a León de Roma. León lo juzgó, y el emperador Valentiniano III dio una ley: el primado de la sede apostólica se funda en el mérito de san Pedro, en la dignidad de la ciudad de Roma y en la autoridad de un sínodo; por eso, «que sea ley para ellos y para todos lo que haya sancionado o sancione la autoridad de la sede apostólica», y si un obispo llamado al juicio del obispo de Roma no acude, «que lo obligue a comparecer el gobernador de la provincia».
Roma responde que la ley misma dice que la sentencia de León valía en la Galia aun sin el respaldo imperial, y que el emperador solo puso su brazo al servicio de una autoridad que ya existía. Pero fue el brazo del emperador el que la hizo ley para los obispos de Occidente, y entre las razones puso, junto a Pedro, la dignidad de la ciudad. A nuestro juicio, la jurisdicción de Roma sobre la Galia no la recibió Hilario de los Padres, sino de una ley imperial; poco antes, Nicea solo conocía una costumbre regional.