Döllinger no acepta la infalibilidad «como cristiano, como teólogo, como conocedor de la historia, como ciudadano» (1871)
Ignaz von Döllinger, sacerdote, profesor en Múnich e historiador de la iglesia, escribió en marzo de 1871 una carta abierta a su arzobispo. Su primer argumento era el juramento de la profesión de Pío IV, que él había prestado dos veces: interpretar la Escritura solo según el consentimiento unánime de los Padres. Los Padres, decía, entendieron todos, sin excepción, Mateo 16, Juan 21 y Lucas 22,32 en un sentido completamente distinto del decreto, y en Lucas 22,32 no encontraron una infalibilidad dada a todos los papas; aceptar el decreto sería un perjurio. Y la afirmación de que esa doctrina se creyó siempre y en todas partes descansaba, según él, en un completo desconocimiento de la tradición del primer milenio.
A nuestro juicio, Döllinger usó contra el Vaticano I las armas que Roma había forjado: el juramento de los Padres y la regla de Vicente. Lo que no hizo fue preguntar si la norma debía ser la Escritura y no el consentimiento de los Padres. Tenía razón en la historia: bastaba recordar a Honorio.