El Nuevo Testamento no llama sacerdote a ningún ministro
A los que gobiernan y enseñan en la iglesia el Nuevo Testamento los llama ancianos (presbýteroi), obispos, diáconos; nunca sacerdotes (hiereîs). La palabra queda para Cristo, sumo sacerdote único (Heb 7,23-27), y para todo el pueblo de Dios, «real sacerdocio» que ofrece «sacrificios espirituales» (1 P 2,5.9).
Un orden de sacerdotes que ofrecen a Cristo (el de Trento) no tiene dónde apoyarse en ese vocabulario.
Fuentes