Teodoreto: después de la consagración, los símbolos «permanecen en su sustancia anterior» (c. 447)
En el diálogo Eranistes, el hereje que confundía las dos naturalezas de Cristo alega que el pan y el vino se cambian después de la invocación y se hacen otra cosa; así, dice, el cuerpo del Señor se cambió en la sustancia divina. El ortodoxo le responde: «te has cogido en la red que tú mismo tejiste», porque ni siquiera después de la consagración los símbolos místicos salen de su propia naturaleza: «permanecen en su sustancia anterior, en su figura y en su forma», y se ven y se tocan como antes.
Roma responde que Teodoreto añade que se entienden, se creen y se adoran como lo que han llegado a ser. Es verdad, y por eso no se le puede hacer decir que la cena es un simple recuerdo. Pero el argumento de todo el diálogo pide que el pan siga siendo pan, igual que la humanidad de Cristo sigue siendo humanidad después de la resurrección; si el pan dejara de ser pan, el ortodoxo le habría dado la razón al hereje. A nuestro juicio, en el siglo V un obispo ortodoxo, contra una herejía que Calcedonia condenó, no podía decir lo que Letrán IV definió.