Todo el pueblo es sacerdote
La Escritura llama sacerdotes a todos los creyentes: «vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo» (1 P 2,5), «real sacerdocio» (2,9). El Apocalipsis lo dice de los redimidos: Cristo «nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre» (Ap 1,6).
El Nuevo Testamento nunca llama sacerdote a un ministro: los que gobiernan y enseñan son ancianos, obispos y diáconos (2e3a). Tertuliano lo vio ya en el siglo III (10b1), y la Reforma lo volvió a poner en el centro contra el sacerdocio de Trento. No es que todos hagan las veces del ministro: es que todos ofrecen, y el ministro es un servicio dentro del pueblo sacerdotal (45c).
Fuentes