El sacerdocio de todos no borra el oficio
Que todos sean sacerdotes no quiere decir que todos sean ministros. Cristo dio a su iglesia pastores, maestros, ancianos y diáconos (Ef 4,11; 1 Tim 3), y el oficio consiste en predicar la palabra y administrar los sacramentos, no en ofrecer un sacrificio nuevo. El ministro es un siervo dentro del pueblo sacerdotal, no un intermediario entre el pueblo y Dios.
La distinción es la de obispos y presbíteros: autoridad de servicio, no de casta. Y es la que Cipriano empezó a borrar cuando llamó «sacerdote» al obispo que ofrece en el altar. La Reforma restauró el oficio y le quitó el altar.