Apocalipsis 1,6: reyes y sacerdotes para Dios
«Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre». El sacerdocio cristiano no consiste en inmolar a Cristo, sino en ofrecer la vida como sacrificio espiritual: la alabanza, la obediencia, la misericordia (1 P 2,5). El único sacerdote que ofrece de verdad es Cristo, «sumo sacerdote» de la orden de Melquisedec, que se ofreció una vez (2e1).
Si todos los redimidos son sacerdotes, el altar no puede ser propiedad de un orden clerical. La misa que Trento llamó sacrificio propiciatorio ofrece lo que ya está ofrecido; el sacerdocio del pueblo recibe lo ofrecido y, en gratitud, se ofrece a sí mismo.
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