El templo es ahora el pueblo de Dios
«¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?» (1 Cor 3,16). Los creyentes son «piedras vivas», edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales (1 P 2,5). Las iglesias del Nuevo Testamento se reúnen en casas (Rom 16,5; Col 4,15).
El templo no es un edificio, y el sacerdocio no es un orden de ministros: los dos son el pueblo entero, como enseña Hebreos.