Westminster 21: el culto, solo como Dios lo instituyó (1646)
La confesión de Westminster enseña que la manera aceptable de adorar a Dios ha sido instituida por él mismo y limitada por su voluntad revelada, de modo que no se le puede adorar según las imaginaciones de los hombres ni por ningún otro modo no prescrito en la Escritura. Y que bajo el Evangelio ninguna parte del culto está ligada a un lugar ni lo hace más aceptable el lugar donde se celebra.
Es la regla con la que la Reforma desmontó el culto modelado sobre el Templo, y la que el Directorio aplicó al calendario al suprimir los días santos.