Westminster 21: la adoración, solo a Dios y solo por la mediación de Cristo (1646)
La confesión de Westminster enseña que la adoración religiosa ha de darse a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y solamente a él; no a los ángeles, ni a los santos, ni a ninguna otra criatura. Y que, desde la caída, se adora por medio de un Mediador, pero no por la mediación de ningún otro, sino solamente por la de Cristo.
Es la respuesta a Trento, que llamó «bueno y útil» invocar a los santos. Descansa en el único mediador de la Escritura, y es la misma regla que el culto solo como Dios lo instituyó.