El culto a los santos: honrarlos, invocarlos y pedir su ayuda
Roma enseña que los santos que reinan con Cristo ofrecen a Dios sus oraciones por los hombres, y que es «bueno y útil» invocarlos para obtener beneficios de Dios por medio de Cristo, «único Redentor y Salvador». La teología les da un culto propio (dulía), distinto de la adoración debida a Dios, y de ahí salen la veneración de sus imágenes y de sus reliquias.
Es lo que presuponen las imágenes de Nicea II y las reliquias en las iglesias. La iglesia del siglo II amaba a los mártires, pero no los invocaba; un siglo después, los fieles pedían ya su oración en las tumbas. Laodicea llamó idolatría oculta invocar a los ángeles, Vigilancio negó que los muertos oyeran a quien les rogaba y Agustín no dio a los mártires sacrificio, pero contó con su intercesión. Desde 1234, el papa decide quién es santo. Contra todo ello están el único mediador de la Escritura, Calvino y Westminster.