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Cristianismo histórico

La fe reformada y Roma, a través de los siglos

3f

El papa se reserva declarar quién es santo (1234)

Durante siglos, el culto de un santo nació de la devoción local, y lo aprobaba, si acaso, el obispo del lugar. La primera canonización de un papa de la que se conserva bula es la de Ulrico de Augsburgo, en 993, y la bula se presenta como un privilegio para la Galia y Germania. Hacia 1171, Alejandro III escribió a un rey de Suecia que algunos de sus súbditos veneraban como santo a un hombre muerto en una borrachera: aunque por él se hicieran muchísimos milagros, no les sería lícito venerarlo públicamente como santo sin la autoridad de la iglesia romana.

Esa carta entró en las Decretales que Gregorio IX promulgó en 1234, y pasó así al derecho de toda la iglesia latina. Desde entonces, los obispos dejaron de canonizar. A nuestro juicio, así quedó en manos del papa decidir a quién se puede invocar públicamente en la oración de la iglesia, la invocación que Trento declaró «buena y útil».

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