Un solo mediador, que vive siempre para interceder
Pablo manda orar «por todos los hombres» y da la razón: «hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre» (1 Tim 2,1.5). Hebreos invita a acercarse «confiadamente al trono de la gracia» por medio de un Sumo Sacerdote que se compadece de nuestras debilidades, y que vive «siempre para interceder» por los que por él se acercan a Dios (Heb 4,15-16; 7,25). Juan lo llama nuestro «abogado para con el Padre» (1 Jn 2,1).
Roma alega que pedir la oración de un santo es como pedírsela a un hermano en la tierra, cosa que el Nuevo Testamento manda. Pero lo que la Escritura manda es que los vivos oren unos por otros; no da mandato ni ejemplo de dirigirse a los que ya murieron. Y, cuando Cornelio se postró ante Pedro y Juan ante el ángel, los dos lo rechazaron (Hch 10,25-26; Ap 22,8-9). A nuestro juicio, Trento no puede apoyar en la Escritura la invocación que llama «buena y útil».