Vigilancio: los muertos no oran por los vivos, y Jerónimo le responde (406)
Vigilancio, un presbítero galo que tenía a su cargo una iglesia de la diócesis de Barcelona, escribió contra lo que veía entrar en las iglesias: encender montones de cirios a pleno sol y besar polvo envuelto en un lienzo, que le parecía casi un rito de los gentiles; las vigilias en las basílicas de los mártires; y la idea de que los santos oyen a quien les ruega. Mientras vivimos, decía, podemos orar unos por otros; después de muertos, la oración de nadie por otro es escuchada. Su libro se ha perdido: lo conocemos por las frases que de él cita su adversario.
Jerónimo le respondió en una noche, con insultos y con un argumento: si los apóstoles y los mártires podían orar por otros estando en el cuerpo, ¿cuánto más después de su corona? Sus ejemplos son de vivos que oraron por otros: Moisés por el pueblo, Esteban por los que lo apedreaban, Pablo por los que iban con él en la nave. Y negó que se adorase a los mártires. A nuestro juicio, de ahí no se sigue que los muertos oigan a quien les ruega, que era lo que Vigilancio preguntaba; la Escritura solo conoce un mediador que vive siempre para interceder.