Policarpo: a Cristo se le adora, a los mártires se les ama (c. 156)
Cuando quisieron negar a los cristianos el cuerpo de Policarpo, «no sea que dejen al crucificado y empiecen a adorar a este», la iglesia de Esmirna respondió que nunca podría adorar a otro: «a este, que es Hijo de Dios, lo adoramos; a los mártires, como discípulos e imitadores del Señor, los amamos».
Hay memoria y aprecio de sus restos: recogen sus huesos, «más valiosos que piedras preciosas», y se proponen celebrar cada año el aniversario de su martirio. Pero no hay invocación. Es la frontera que el culto a los santos cruzará después.