Laodicea prohíbe invocar a los ángeles: «idolatría oculta» (c. 343-381)
El canon 35 del concilio de Laodicea, en Frigia, prohíbe a los cristianos dejar la iglesia de Dios para irse a «nombrar ángeles» en reuniones aparte, y anatematiza al que se dé a esa «idolatría oculta», porque abandonó a Jesucristo, el Hijo de Dios. Un siglo después, Teodoreto de Ciro lo explicó con Colosenses 2,18, el «culto de ángeles»: el concilio prohibió por ley orar a los ángeles, una costumbre que había durado mucho tiempo en Frigia y Pisidia, donde aún se veían oratorios de san Miguel.
El canon habla de ángeles, no de santos. Pero muestra que, todavía en el siglo IV, un concilio llamaba idolatría a dirigir la oración a criaturas del cielo fuera del culto de la iglesia. A nuestro juicio, la razón que da, que quien lo hace deja a Cristo, alcanza también a la invocación que Trento llamó «buena y útil».