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Cristianismo histórico

La fe reformada y Roma, a través de los siglos

Bibliografía

1 Timoteo 2,1.5; Hebreos 4,14-16 y 7,25; Romanos 8,34; 1 Juan 2,1; Juan 14,6.13; Hechos 10,25-26; Apocalipsis 22,8-9

«Exhorto, pues, ante todo, que se hagan rogativas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por todos los hombres» (1 Tim 2,1). «Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre» (1 Tim 2,5). «Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no se pueda compadecer de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro» (Heb 4,15-16). «…por lo cual puede también salvar eternamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos» (Heb 7,25). «…el que también intercede por nosotros» (Rom 8,34). «…y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo» (1 Jn 2,1). «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí» (Jn 14,6). «Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto haré» (Jn 14,13). «Y cuando Pedro iba a entrar, Cornelio salió a recibirlo, y postrándose a sus pies, lo adoró. Mas Pedro lo levantó, diciendo: Levántate; yo mismo también soy hombre» (Hch 10,25-26). «…me postré para adorar delante de los pies del ángel que me mostraba estas cosas. Y él me dijo: Mira, no lo hagas, porque yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos los profetas y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios» (Ap 22,8-9).

Reina-Valera, Sociedad Bíblica Trinitaria.

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