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Cristianismo histórico

La fe reformada y Roma, a través de los siglos

36

Trento: las luces, el incienso y las vestiduras de la misa vienen de la tradición apostólica (1562)

Trento enseña que, como la naturaleza de los hombres no se eleva fácilmente a las cosas divinas sin ayudas exteriores, la Iglesia instituyó ciertos ritos en la misa, como decir unas partes en voz baja y otras en voz alta, y empleó ceremonias —bendiciones místicas, luces, inciensos, vestiduras y otras muchas de este género— «por disciplina y tradición apostólica», para encarecer la majestad del sacrificio y mover a los fieles a contemplar lo que en él se oculta (cap. 5). Y anatematiza a quien diga que esas ceremonias, vestiduras y signos externos son más incentivos de impiedad que obras de piedad (canon 7).

Las ceremonias se justifican así por su utilidad y por la tradición, no por un mandato de Dios. La regla reformada es la contraria: el culto, solo como Dios lo instituyó. Por eso los reformados fueron más lejos que los luteranos, que conservaron casi todas las ceremonias. La edición de Trento que aquí se cita alega en nota, para el canon de la misa, una carta de Agustín a Jenaro; en otra al mismo Jenaro, Agustín se quejaba de las ceremonias de hombres que cargaban la religión.

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Cristianismo histórico, nota 36 · https://cristianismohistorico.org/nota/36/